TANGO
BIOGRAFIA
morena x morena:
“De dónde vienen mi canto y mi tango…”


…recuerdo que en mi casa se escuchaba mucha música: clásica y popular. 
Mi madre era profesora de música, formaba coros con sus alumnos y para los actos, armaba historias para que todos los chicos pudieran participar cantando y jugando. La abuela Elisa, cuando nos cuidaba, contaba cuentos y cantaba acompañándose con el piano. También recuerdo a mis tíos, uno tocando tangos, otro desgranando un Gershwin maravilloso, éste cantando jazz. Y otra vez mi madre… tarareando “El último café” mientras cocinaba, o escuchando ópera. Mamá amaba el teatro lírico y yo feliz la acompañaba: disfruté de voces como las de Martina Arroyo y Plácido Domingo en “La forza del destino” o Beverly Sills en “Lucía di Lamermoor”…

Los cuentos familiares dicen que a los 5 años, y de regreso de ver una película, fui al piano para buscar con los deditos las notas de la canción que había escuchado. Allí, se despertó el deseo por la música y pedí estudiar piano. Más tarde ingresé al Conservatorio Nacional (a papá le encantaba la milonga, por lo que aprendí su preferida: “La trampera”. El piano me daba la libertad de tocar y cantar las canciones que me gustaban y  así sentirlas un poco mías). De la misma época datan el coro del colegio, el conjunto de música folklórica que formamos con mis compañeras (guitarra, malla y ojotas eran equipaje obligatorio para las vacaciones en la playa, siempre terminábamos el día cantando al lado del mar).
Me gustaban las sonoridades más nuevas de Zupay, las Voces Blancas. Más tarde serían las de Charly y León Gieco. Luego descubrí a María Elena Walsh y a Susana Rinaldi, esa actriz e intensa cantante que me conmovió con un tango más cercano a mis sentimientos: el de Eladia y el de Ferrer - Piazzolla.
La Vida trajo los matrimonios, las hijas y una pausa con el canto, que reapareció -como un puerto al que llegar- luego de un mojón de dolor grande. Así fue como empecé a estudiar técnica vocal y volví a cantar… (Música latinoamericana, boleros,. Rock nacional)
Una noche sucedió el flechazo inevitable: escuché en un espectáculo a Andrea Tenuta, otra actriz, interpretando “Soledad” y “La última curda”, y se despertó el sentimiento que había estado agazapado. Comencé a escuchar a Goyeneche, Gardel, Rivero, Cardei; redescubrí a Rinaldi, a Eladia, a Amelita Baltar, a Rubén Juárez. Conocí a la poeta Bibi Albert (mi tocaya, la otra Albert) y con ella a nuevos autores y compositores, con lenguaje e historias que me representaban como “ser de este lugar y de este momento”. Escuché, estudié y canté, buscando transmitir eso que me vibraba de cada tango y lo hice mi género: el Tango tenía y tiene que ver con mi vida.

Así elijo mi repertorio, por enamoramiento: tangos que por su intensidad, su colorido, sus imágenes, su denuncia, me trascienden. Y luego, eso que se me prende en el alma y en el cuerpo, poder entregarlo y vivir ese momento mágico que se produce con los otros.